martes, 24 de agosto de 2010

De a ratos.

Hoy camine por la peatonal y mire el suelo para no cruzarme con tu mirada coincidente.
El viento frotaba mi cara al tiempo que mi nariz se escondía tras mi bufanda marrón.
Era inevitable pensar en vos. Pase por un negocio de ropa y la música que salía de allí me hizo ahondar en los recuerdos.
Entonces empecé a mirar para todos lados, para ver si te encontraba. Di la vuelta a la peatonal con la esperanza de verte dentro de algún local, sentada en una plaza, o tomando un té dentro de una estación de servicio. Solo para que un instante tuviera sentido. Pero no te vi. Entonces volví a mi casa con los pensamientos rotos.
Después de un rato el sol brillo en tu rostro imaginario. ¡Hey! Que hermosa sos cuando te pienso, y como llueven las estrellas si se que estas feliz. No me importa la ausencia ni los demás. Yo te quiero como sos, una caja cerrada que dispara luz por las pequeñas hendiduras que el amor le ah provocado.
¡Hey! Espero que sepas que estoy para vos, y que pese al los errores no miro para atrás.
Y cuando busco el consuelo, ni tus palabras me alcanzan por que tus ojos manchados en el aire no existen. Mis lágrimas ya secaron y ahora quiero abrazarte y decirte que no importa nada. Ni el, ni ella. Solo nosotros en pensamientos del tiempo.

miércoles, 28 de julio de 2010

Pequeño flash


Mi vieja me despertó cerca de las dos de la tarde. Di unas vueltas en la cama y me levante para luego ir hasta la cocina/comedor, donde mi hermanito ya estaba.
Sobre la mesa había milanesas de carne, ensalada de rabanitos y una gaseosa además de los cubiertos y platos, etc.
Me moví con el cuerpo dolorido y los sentidos apesadumbrados hasta acomodarme en una silla. Comí unas milanesas y algunos bocados de ensalada sin pensar en nada más que el sabor del momento.
Me pare y agradecí a mi madre por la comida. Recién ahí me di cuenta que aun no había preguntado a mi hermanito como estaba hoy. Me sentí mal. Le pregunte.
Fui hasta el living, donde tome uno de los cigarrillos de mi vieja y lo fume tranquilamente. Después de eso agarre mis llaves y salí a caminar por el barrio.
Empezaba a disfrutar ese paseo siestero de invierno, cuando una camioneta vieja y destartalada paro al lado mió. Un hombre de aspecto sucio y poco amigable me pregunto de muy mala manera donde quedaba calle “el tablón”. Sentí unas increíbles ganas de mandarlo a su puta madre por dirigirse a mí con tanta mala onda, pero me limite a mentirle. Lo mande en una dirección opuesta a donde verdaderamente estaba la calle.
Seguí caminando hasta pasar por la puerta de un kiosco, y decidí entrar a comprar atado de puchos.
Mientras buscaba el producto, la vieja que atendía me pregunto a que me dedicaba. –A nada.- Le conteste. Me dijo que por mi aspecto había pensado que yo era un artista, y me contó que frente a su casa, vivía un joven músico que al parecer tendría grandes condiciones. Me alcanzo el cambio, el paquete, le di las gracias y me fui.
Llegue hasta una de las avenidas principales de la ciudad. El sol se explayaba soberano sobre esta, haciéndola parecer mas ancha. Los autos entonaban su réquiem de humo toxico al tiempo que sonreían burlones con sus parillas delanteras, y sus ojos de mica.
Llegue hasta un cyber. Entre. El muchacho que atendía portaba una cara de culo terrible. Le pase un pendrive que tenia en el bolsillo, y le dije que me haga tres copias de cada archivo Word. Cuando estuvieron listas, le pague y me retire.
A las pocas cuadras me di cuenta que me había equivocado en el tipo de letra. Pero decidí volver otro día.
Pensé a donde ir entonces. Opte por volver a mi casa.
Cuando llegue mi madre me preparo el aparato para hacer nebulizaciones con el remedio que el neumonologo me mando.
Pobre mi mamá. Que me prepara la comida y los remedios como si fuese un chico pese a mis 23 años. Pobre ella que se esfuerza verme bien, y solo me ve deprimido, drogado y enfermo. - Ojala pudiera estar bien para mi familia.- Pensé.
Siempre los trato bien, y aunque a veces discutimos, nos queremos mucho. Siempre me digo que lo mejor que podría hacer por ellos es irme lejos con mis penas.
Hacia meses que yo no tomaba terapia con el psicólogo. Estaba pensando en retomarla.
Mi vieja insistía en que empiece alguna disciplina como Yoga o Reiki. - Es una buena mujer. Aun cree en esas cosas, y esta bien.- Dije para mis adentros.
Pero por el contrario yo creía en las ciencias que los hombres han hecho brillar a fuerza de locura y dolor. De descubrimientos que solo pueden haber salido del más extremo nido de curiosidad y ambición.
La mire con mis ojos triste y esboce una sonrisa.- En algún momento lo voy a intentar.- Le dije. Estaba seguro de que no me creyó.
Fui hasta la habitación de la computadora y me puse a escuchar música. Encendí un cigarrillo y observe como el humo se esparcía en el aire.
Pensé luego en como cada nota y cada célula rítmica le daban sentido al tiempo que pasaba. Como cada armonía formaba un concepto único del futuro. Me quede ahí. Tratando de llenar mi vacío interior con la tenue luz del monitor

domingo, 25 de julio de 2010

Suspiros.

La noche explotaba entre mis suspiros y las lagrimas que solo nacen para volver a morir. El calor de la estufa quemaba los recuerdos que querían escapar, mientras mis dedos se volvían amarillos por sostener los cigarrillos que solo se consumían intermítales.
Que violento es mirarse a un espejo después de escuchar a la ciudad eructar una vez más.
Que triste es sostenerse en la literatura que ahonda las muertes pragmáticas.
Mire mis uñas pintadas de azul y me di cuenta que estaba volviendo. La vida pega vueltas interminables y no importa la estética del sonido.
“Ahora ya no lloras” decía él. Y yo me quede ahí, viendo la luna pintar la noche y las calles que albergan al enfurecido frió.